Comunicación en familia

«El amor a la familia debe comenzar por el amor a uno mismo»

Nadie dijo que fuese fácil.

A lo largo del desarrollo en las relaciones familiares, pasamos por diferentes fases en nuestro modo de expresarnos y comunicarnos. En todo ello influye la forma de ser de los progenitores, de los hijos, la herencia de los patrones que traemos de nuestros antepasados (padres, abuelos, etc.), nuestro sistema de creencias, nuestros valores y nuestras experiencias de vida.

Cuando llega la etapa de la adolescencia todo parece cambiar, empezando por nuestros propios hijos, quienes “de la noche a la mañana” parecen haberse convertido en seres de otro planeta. Entonces, nuestras mayores sospechas, nuestros mayores miedos, se hacen realidad. Esas amenazas que escuchamos desde que nos convertimos en padres cuando nos dicen “Disfruta ahora que aún son pequeños. Cuando lleguen a la terrible adolescencia, querrás habértelos comido”. Sí, como Saturno en el cuadro de Goya, ¿verdad?

Está claro que cuando nuestros hijos llegan a la adolescencia, nosotros, como padres o madres, recogemos lo que hemos sembrado. Pero tranquilos. Nunca es demasiado tarde para mejorar de algún modo la relación que realmente queremos tener con ellos. Y es importante tener claro que ninguno de nosotros somos perfectos y cometemos nuestros propios errores. Lo que no nos hace ni mejores ni peores personas.

«Lo que en la juventud se aprende, dura toda la vida»

(Francisco de Quevedo)

La sociedad está cambiando a pasos agigantados (o “gigaenormes”, como decía mi hijo hasta hace poco). Y con ella nuestros jóvenes. Crecen más que en nuestra época (sólo hay que comparar los famosos percentiles pediátricos) y de modo más rápido, desarrollan antes, empiezan a probar de todo antes… Parece que todo se adelanta a cuando nos tocó a nosotros pasar por esa etapa de la vida. Y va a tal velocidad, que ahora, que somos padres y madres, nos cuesta mucho más poder afrontar tanto cambio, tanta hormona, tanta revolución.

Obviamente lo que voy a contar a continuación no les pasa a todos, que nadie se asuste, ¿vale? Escuchando en un congreso sobre familias a Marina Marroquí, educadora social y experta en violencia de género en la adolescencia (ella misma pasó por ese drama de los 15 a los 19 años, experiencia demasiado espeluznante), recopilé los siguientes datos que ella compartió ante un auditorio de 1400 personas (quiero dejar claro que las estadísticas hay que tratarlas con sumo cuidado):

“A los 10 años ya comienzan a consumir porno (se comparten fotos a través de WhatsApp, Instagram o Snapchat). A los 12 años ya consumen porros y alcohol. A los 13, ya tienen relaciones sexuales completas. A los 16 años, se les explica cómo usar los anticonceptivos. Llegamos tarde.”

Estas fueron sus palabras. Muchos padres y madres nos llevamos las manos a la cabeza. “Pero, ¡si es nuestro niño/ nuestra niña!” Exclamamos. Pues esta es la (triste) realidad. Cuanto más nos cueste aceptar que esto ya está pasando desde hace años y que nuestros hijos están ahí, transitando por este tipo de experiencias y retrasemos tener una comunicación cercana, de confianza y con cariño, más serias podrán ser las consecuencias de lo que nuestros hijos decidan hacer.

¿Has pensado alguna vez en el tipo de comunicación que tienes con tu hijo adolescente? ¿Cómo te gustaría que fuese? ¿Cómo te gustaría que te hablase tu hijo? Ahora piensa, ¿cómo le hablas tú? Porque de la forma de hablar, transmitimos una manera de ser que muchas veces no es la que nos gustaría que destacase. Malentendidos, peleas, enfados, gritos, silencios… Y muchas cosas más en esta línea es lo que prima en los hogares donde vive un adolescente.

 

Aspectos a tener en cuenta a la hora de entablar una conversación con nuestros hijos adolescentes:

  • TIEMPO Y PACIENCIA. Comunicarse es un proceso que requiere de un tiempo. En función de cómo haya sido nuestra comunicación familiar hasta el momento en el que estemos, de cómo sea nuestra forma de ser y comportarnos (hablo desde el punto de vista de padres, madres y de hijos), así podremos mantener, cambiar o eliminar aquello que consideremos. Algo muy importante es que los chiquillos, en la adolescencia, cambian y mucho. Hay que tener paciencia, puesto que las ocasiones que queramos tener para hablar con ellos, no llegarán solas.
  • BIDIRECCIONAL. Si queremos que nuestros hijos nos hablen, nosotros como padres y madres, también tenemos que hablar con ellos. Es lo que yo llamo “predicar con el ejemplo” No vale eso de “Haz lo que yo digo, no lo que yo hago”. Si queremos que nuestros hijos adolescentes nos hablen y que lo hagan de determinada manera (con respeto, con sinceridad, acorde a nuestros valores familiares y personales), también debemos hacerlo nosotros con ellos (y acorde a sus valores personales, que no tienen que ser necesariamente los nuestros)
  • ESCUCHA ACTIVA Y ABIERTA. Una parte fundamental a la hora de comunicarnos en familia es practicar una escucha activa y abierta. ¿En qué consiste? En escuchar de verdad, prestando atención plena a lo que nuestros hijos nos estén contando. Porque ¿a que vosotros os enteráis cuando habláis a vuestros hijos y ellos os contestan como si os hiciesen caso y vosotros sabéis que no es así? ¿Y cómo os sentís entonces? Pues a ellos les pasa lo mismo. Cuando me refiero a escucha abierta, quiero decir que es más que probable que lo que os cuenten los chavales, no todo os va a gustar, ni va a ser lo que esperáis oír. ¡Tranquilos todos! Que no se acaba el mundo.

Tipos de Comunicación:

  1. VERBAL. Consiste en el tipo de comunicación donde se usan signos lingüísticos en el mensaje. Se puede realizar de dos maneras: comunicación oral y comunicación escrita. Se considera que el significado de las palabras es sólo el 20% de lo que comunicamos.
  2. NO VERBAL. Es aquella en la que se comunican los mensajes a través del lenguaje corporal, posturas, expresiones faciales, contacto visual, tonos de voz, silencios, estilo de ropa, etc. El 80% de lo que comunicamos lo aporta la comunicación no verbal.
  3. PASIVA. La comunicación pasiva consiste en evitar la confrontación, sensación de vulnerabilidad, expresa sumisión, evita miradas, tono de voz más bajo, uso de tono impersonal en lugar de usar la primera persona, lo que contribuye a sentir una constante frustración, autoestima baja, resentimiento y malestar general.
  4. AGRESIVA. Las personas que se comunican de manera agresiva estiman que sus ideas y deseos están por encima de las necesidades y derechos de las demás personas, atentando contra sus sentimientos, violando normas éticas, imponiéndose violenta y agresivamente sobre el otro, ejerciendo un rol de poder y sumisión. Suelen caracterizarse por una falta total de empatía hacia las personas con las que se “comunican”
  5. ASERTIVA. Es el tipo de comunicación ideal. Permite transmitir y defender las ideas propias, respetando lo que uno siente, piensa y necesita sin agredir ni imponerse a las otras personas, ni tampoco dejarse someter o cambiar de opinión porque ésta pudiese ofender a los demás.

Errores habituales en la comunicación familiar con adolescentes:

  • Sermonear.
  • Comparar (sobre todo con hermanos, o amigos, o hijos de amigos y vecinos)
  • Utilizar el sarcasmo.
  • Amenazar.
  • Criticar u ofender.
  • Resaltar lo que está mal.
  • Actitud profética.

“Lo más importante en la comunicación es escuchar lo que no se dice” (Peter Drucker)

Algunos consejos para mejorar la comunicación con tu hijo adolescente:

  • Admitir y aceptar los sentimientos del adolescente.
  • Para lograr que coopere puedes probar estos pasos: describir el problema y tus sentimientos personales, da información del hecho en sí, ofrece opciones, expresa tus valores y expectativas, ponlo por escrito.
  • ¿Castigar sí / Castigar no? Castigar puede frenar de manera temporal una conducta, pero luego siempre se puede repetir con más frecuencia, intensidad y a escondidas. Llegan las mentiras y la bola se hace más grande. ¿Alternativas? Prueba a comunicar tus sentimientos, expresa tus expectativas, da alternativas, enseña a que el adolescente se corrija a sí mismo y actúa.
  • Para encontrar soluciones de manera conjunta entre todos, sería recomendable dejar que el adolescente manifieste su punto de vista, que el padre o madre de también su propia opinión, invitar al adolescente a que busque y aporte sus propias soluciones, anotar en una misma lista todas las ideas que surjan sin enjuiciarlas, revisar la lista y decidir aquellas más viables.

Para terminar, quiero recomendaros la lectura del libro “Cómo hablar para que los adolescentes escuchen y cómo escuchar para que los adolescentes hablen” de Adele Faber y Elaine Mazlish, del que he extraído muchas de las ideas que aquí he plasmado y que estoy completamente segura que os será muy útil revisar en más de una ocasión. Para mí es un libro de cabecera, que ya estoy poniendo en práctica con mis hijos.

 

 

Quisiera dejaros las entrevistas y contenido que he compartido en mis redes en relación a este importantísimo tema de la comunicación en familia, por si acaso aún no habéis tenido tiempo de echar un vistazo, para que aprovechéis los buenos consejos de los fantásticos profesionales a los que he tenido el placer de entrevistar. Seguro que os serán muy útiles:

 

 

¡Hasta pronto!

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