Gestionando la Frustración con tu adolescente

La Frustración viene cuando nuestras expectativas y nuestra realidad no coinciden. Enfrentarse a los fracasos es algo que nos acompaña desde que somos niños, cuando aprendemos a caminar, a montar en bici, a perder en los juegos con otros niños o hermanos…

Aprender a tolerar la frustración, a esperar conseguir aquello que queremos cuando no nos llega en el momento que queremos, ayudará a nuestros hijos a conocer aspectos como la RESILIENCIA: esa capacidad de aprender de los momentos “malos” y darles la vuelta, para convertirlos en momentos de aprendizaje y superación personal.

Sentimos frustración cuando un deseo, proyecto, ilusión o necesidad, no se cumple, no se satisface. Si esto sucede, las consecuencias pueden ser bastante notables y desagradables. Por ejemplo, un niño que es hijo único se puede sentir frustrado si su madre se queda embarazada y cuando nace su hermano, su comportamiento cambia volviéndose celoso y agresivo. Otro ejemplo, es cuando los padres se separan y alguno comienza una nueva relación. O cuando fallece alguno de los padres. O se produce un cambio de domicilio, entonces tienen que dejar atrás a sus amigos, su entorno conocido donde se sienten protegidos. O cuando terminan una relación y su ex pareja comienza con otra persona y lo comparte por redes sociales, donde todos sus amigos y conocidos puedan saber todo con detalle.

Un adolescente con poca tolerancia a la frustración suele manifestar alguno de estas características:

  • Ser más exigentes.
  • Ser más impulsivos e impacientes.
  • Tener más dificultad para regular sus emociones.
  • Buscan inmediatez a la hora de satisfacer sus necesidades y expresan su frustración con comportamientos muy al límite, o cerrándose y deprimiéndose, o con violencia y agresividad.
  • Sienten cualquier límite, por pequeño que parezca, como injusto.
  • Tienen baja capacidad de adaptarse y ser flexible ante las circunstancias de la vida.
  • Suelen sentir con más frecuencia cuadros de ansiedad o depresión.

Por lo general, los padres tendemos a proteger a nuestros hijos. No queremos que sufran. Pero tampoco es correcto que les sobreprotejamos. No podemos pretender evitar todo dolor y frustración, dándoles todo aquello que sabemos que les hace felices, consiguiendo darles todos sus deseos lo antes posible.

¿Qué podemos hacer padres y madres para enseñar a gestionar la frustración de nuestros hijos?

  • No darle todo hecho. No facilitarle el camino. Dejarle que se equivoque, que alcance aquello que quiere por sí mismo, que aprenda de sus errores y sepa enfrentarse al fracaso.
  • Enseñar la importancia del esfuerzo. Es algo que agradecerán siempre.
  • Predicar con el ejemplo. La actitud que tengamos los padres y madres ante las adversidades de nuestra vida es la mejor manera de que nuestros hijos aprendan para ellos mismos.
  • Objetivos realistas. En función de cómo gestione nuestro hijo adolescente su frustración, nosotros podemos ayudarle a establecer objetivos menores para que los consiga e ir incrementando su dificultad para que aumente también su capacidad de regular esa frustración.
  • No ceder a las rabietas.
  • Explicar lo importante que es la perseverancia.
  • Enseñar técnicas de relajación.
  • Enseñar a pedir ayuda.
  • Buscar otros caminos o formas de realizar las tareas necesarias para lograr su objetivo.

Piensa en un momento en el que tú hayas sentido frustración. Cierra los ojos, si quieres, y trae aquí y ahora esa situación en la que experimentaste esta emoción. ¿Qué pasó? ¿Dónde estabas? ¿Qué personas estaban a tu alrededor? ¿Qué te decían? ¿Qué te decías tú interiormente, en tu cabeza?

¿Sabías que lo primero que ocurre es que notamos una sensación, nos viene un pensamiento y después experimentamos una emoción?

Quizá no te habías dado cuenta del poder de los pensamientos, del diálogo interno que nos traemos todos y que repercute en lo que sentimos nosotros. Y, sobre todo, compartir vuestras frustraciones, entre padres, madres e hijos, desde el propio ejemplo, les servirá a nuestros chavales lo primero que somos humanos, no somos perfectos, que tenemos momentos difíciles a lo largo de la vida y que lo verdaderamente importante no es evitarlos o huir de ellos. Sino, aprender a aceptarlos y saber salir para arriba lo antes posible y de la mejor manera que podamos.

Aquí os dejo una entrevista que realicé a la psicóloga Bárbara Tovar, autora del libro «Adolescentes», con la que hablé precisamente de cómo gestionar la frustración en la adolescencia.

Os voy a contar ahora la historia de Rosa, una niña que conocí hace tiempo y que lo que le pasó entonces está relacionado con todo lo que os estoy contando.

Hace tres años, Rosa vivió uno de los momentos más difíciles en su vida. Ella tenía 8 años. Cursaba 3º de primaria. Y justo ese año era la primera vez que la separaban de los compañeros con los que empezó el colegio, hacía ya 6 años, en infantil. Ese año mezclaban a todos los alumnos de su curso de cara a crear nuevos grupos. Tenía tutora nueva, compañeros nuevos, clase nueva. Y justo la habían separado de su mejor amiga. Las pusieron en clases distintas.

No estaba contenta, obvio.

Para colmo, al mes de empezar las clases y de estar separadas, la amiga se cambiaba de ciudad. Se marchaba a otra ciudad, lejos la una de la otra.

Todo ello hizo que Rosa se encerrara en sí misma. Dejó de reír. Se sentía desubicada.

Después de las Navidades, durante el segundo trimestre escolar, Rosa tuvo una experiencia en el colegio con otra niña, que la hundió más. Comenzó a tener problemas con la comida. Ya no tenía hambre. Comenzó a tener pesadillas por las noches. Se sentía débil, sin fuerzas. Y tenía constantes dolores de cabeza y de estómago.

Algo estaba ocurriendo.

Los padres hablaron con ella. Sabían que algo no marchaba bien. Coincidió que el padre tenía viajes de trabajo. Así que la madre organizó varias reuniones y tutorías con el colegio para ver qué pasaba. Os lo resumo, porque entre posibles y presuntos… Para los padres había un caso posible de acoso escolar. El colegio no lo veía así.

Las semanas pasaban y Rosa, lejos de mejorar, iba empeorando. Había que hacer algo ya. El tema terminó bien. Se solicitó formalmente al colegio que iniciara el protocolo de acoso que tienen todos los centros y la cosa amainó.

Consecuencias: Rosa, la posible víctima, se quedó con cierta etiqueta negativa de mala fama. Y a la presunta acosadora, pues nada.

Tres años después, los padres de Rosa, tuvieron una tutoría con el nuevo tutor de su hija. Y extraoficialmente, averiguaron la etiqueta de Rosa que circulaba en el colegio.

La madre de Rosa comenzó a sentir rabia, impotencia, ira. Le entraron ganas de decirle varias cosas a algunos profesores de años atrás. Sintió mucha frustración. ¿Y qué decidió hacer? Lo primero desahogarse contándole a su pareja lo sucedido en esa conversación con el tutor de su hija. Y después un pensamiento le vino a la cabeza de manera automática:

«El tiempo pone a cada uno en su lugar»

Era una frase que su madre le transmitió en su infancia. Ahora tenía sentido. Decidió confiar y soltar esa emoción.

¿Qué os quiero decir con esta historia? Pues que a la vuelta de cualquier esquina nos esperan nuevas situaciones de frustración, impotencia, que nos despertarán otras emociones consideradas como desagradables (aprovecho para contaros que ninguna emoción es buena, mala, agradable o desagradable. Todas son igualmente necesarias y reconocerlas, aceptarlas y gestionarlas lo mejor que podamos, es nuestra responsabilidad, de nadie más)

Compartid con vuestros hijos vuestras historias, vuestras experiencias, para que puedan aprender a través de vosotros, con vuestro ejemplo, como os digo siempre.

Os deseo todo lo mejor.

1 comentario en “Gestionando la Frustración con tu adolescente”

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