Juventud… ¡¡¡Divino tesoro!!!

¿Qué recuerdos tenéis de vuestra juventud? ¿Cómo son? Seguramente habrá de todo. Un compendio intenso de experiencias, emociones, acciones, arrepentimientos, dudas, amores platónicos, desamores, confianza en las amistades, desconfianza en casa, soledad, salidas en grupo, fracasos, pocos éxitos, más fracasos… En fin.

 

A los 9 años (más o menos en quinto de EGB), una amiga mía (voy a llamarla Epi) empezó a recibir ataques físicos por parte de otras alumnas del colegio. Tanto ella, como su hermana. Mi amiga procuró ir primero a preguntarles por los motivos que les llevaban a pegarles a las dos, y sólo recibía más patadas. Ese hecho fue determinante a que se apuntara a kárate. Desde ese instante, ese acoso cesó (aunque su estómago se quedó resentido desde entonces con tanta patada)

Kárate
El inicio en las artes marciales supuso el fin del maltrato sufrido en el colegio

 

Mi amiga iba pasando cursos sin amigos. Sí, sí, solita. Vamos que podía tener un “amigo” diferente cada curso. En séptimo de EGB (entorno a los 11 – 12 años), Epi pasó un mal trago por partida doble. Ella quería meterse en un grupo de tres amigas de su clase a las que apreciaba, y que consideraba muy inteligentes, que quizá podrían ayudarla a preparar los exámenes (desde sexto curso las matemáticas y la lengua se le atravesaron en cada trimestre). Pero, carambolas de la vida, ese grupo la acabó dirigiendo a otra compañera que también estaba sola en clase, sin amigos y que era criticada por su aspecto físico. En ese momento, esa compañera se convirtió en su mejor amiga. No os he contado que Epi era una niña todo alma, todo corazón. Su mayor anhelo era ayudar a la gente. Y su mejor amiga tenía problemas serios en su casa. De tal modo, que Epi se volcó con ella, llegando a hacerse suyos los problemas de su amiga. Ello le causó un duro golpe en el primer trimestre al suspender por primera vez ¡¡cuatro asignaturas!! Tenía que ponerse las pilas.

 

Empezó el segundo trimestre. En plena clase de plástica, o pretecnología, creo que la llamaban así a esa materia, su mejor amiga le preguntó a Epi que con quién le gustaría estar en clase, y Epi, con su sinceridad y transparencia (también con poco tacto, la pobre) le dijo que con “las listas de clase”(ahí ya manifestaba la poca estima que se tenía a sí misma, quien suspenso tras suspenso se consideraba bastante tonta). A lo que su “mejor amiga” empezó a gritarle llorando diciéndole a Epi que si la había estado utilizando, entre otras muchas lindezas. En ese momento, varias de clase que la habían estado criticando y riéndose de ella a sus espaldas, la “consolaron” diciéndole que hablarían con un profesor. Epi se fue nerviosa a casa a comer. Y al volver a clase, se encontró con que el profesor, en cuestión, le preguntó delante de todos que qué pasaba con la amiga. Epi se quedó bloqueadísima. Sin saber qué decir. Sin saber qué hacer. Pensando: “Tierra, trágame”.

 

Bloqueo
«¡¡Tierra, trágame!!»

Desde entonces, ha estado más de veinte años arrastrando ese bloqueo emocional con todos los problemas que le ha generado en todos los ámbitos de su vida.

 

Epi optó por dar de lado a esa supuesta amiga, viendo el resultado obtenido de esa experiencia. Mejor sola que mal acompañada.

 

(Continuará la historia de Epi en Bachillerato…)

4 comentarios en “Juventud… ¡¡¡Divino tesoro!!!”

  1. Desgraciadamente esto pasa muy a menudo en las aulas….algo que si no se ataja a tiempo como bien dices puede durar años…..ánimo y adelante tu vales mucho y lo importante en esta vida para que los demás nos valoren es valorarnos a nosotros mismos lo primero.

  2. Mi historia es la de una niña de tres años que bailaba en la plaza de la sardana del Retiro los domingos.
    Mi abuelo me que tenía una portería en la calle Hermosilla me llevaba cada domingo a encontrarme con otros Gigantes( gente normal ) de otros países ( algunos hablaban catalán) a bailar en un sitio con músicos ( flautistas), y cada semana apretaba los puños con mucha fuerza para que llegara el domingo pronto y poder bailar con aquellos seres tan admirables.
    Cuando pasaron los años la magia no se desvaneció, todo lo contrario, incorporé esa enseñanza a mi vida y hoy es mi vocación.
    Es de los primeros recuerdos que tengo en mi vida y por supuesto, no aprendí catalán pero la sardana la bailo que es un gusto.
    Aprendí que la imaginación es la puerta a los sueños y estos son reales gracias a nuestra maravillosa magia de transformar y entender las situaciones.

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