NeuroCoaching. Claves para comprender mejor a nuestros hijos adolescentes.

“Sólo cuando conozcamos de forma más profunda el funcionamiento del cerebro, […] conseguiremos ser más felices” (Antonio Damasio)

ALGUNOS CONCEPTOS GENERALES:

  • Hábitos y Rutinas.
  • Los Sistemas de Recompensa y de Aversión al Dolor.
  • El papel de las Emociones en la Toma de Decisiones. La Amígdala.
  • El papel fundamental de la Alimentación sana.

En los últimos años se pueden leer cada vez con más frecuencia noticias que tratan sobre la Neurociencia, sobre los beneficios de conocer y utilizar más y mejor nuestro cerebro y su repercusión en nuestra vida cotidiana.

Antes de nada, voy a explicaros en qué consiste la Neurociencia, qué es un neurocoach y  cómo puede ayudar a las familias, los niños y adolescentes a mejorar su calidad de vida al utilizar de un modo más eficiente y eficaz su propio cerebro.

Se denomina Neurociencia a la disciplina científica que estudia la estructura, las funciones y el funcionamiento del sistema nervioso y de cómo sus diferentes elementos interactúan dando lugar a las bases biológicas de la conducta. El Neurocoaching trata del Coaching aplicado a través de la neurociencia. Un neurocoach busca:

  • Facilitar la neuroplasticidad autodirigida del cliente.
  • Acompañar al coachee para reconectar su cerebro facilitándole los cambios.
  • Conocer cómo el Coaching influye en sus estructuras cerebrales

Algunos datos técnicos, que son necesarios para comprender bien el funcionamiento del cerebro son los siguientes.

El cerebro pesa aproximadamente 1,5 kg (2% del peso total del cuerpo). Consume 10 veces más de lo que le corresponde a su peso. Consta de dos hemisferios (izquierdo y derecho) conectados entre sí por el cuerpo calloso. El ser humano cuenta con 100.000 millones de neuronas, cada una con 15.000 opciones distintas de conectarse las unas con las otras.

PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS
HEMISFERIO IZQUIERDO HEMISFERIO DERECHO
Lógico, analítico, detallista Holístico, intuitivo, descriptivo, global
Abstracto, teórico Concreto, operativo
Secuencial Múltiple, creativo
Lineal, racional Aleatorio
Realista, formal Fantástico, lúdico
Verbal No verbal
Temporal, diferencial Atemporal, existencialista
Literal Simbólico
Cuantitativo Cualitativo
Lógico Analógico, metafórico
Objetivo Subjetivo
Intelectual Sentimental
Deduce Imagina
Explícito Implícito, tácito
Convergente, contínuo Divergente, discontínuo
Pensamiento vertical Pensamiento horizontal
Sucesivo Simultáneo
Intelecto Intuición
Secuencial Múltiple

Desde los años 70, se identificaron 3 tipos de cerebro: el reptiliano (regula las conductas instintivas y emociones primarias: hambre, deseo sexual, temperatura corporal, no tiene capacidad de razonar o pensar, su función es la de actuar), el límbico (gestiona las emociones, aprendizaje y la memoria, la amígdala es la estructura central) y el neocórtex (se encarga de pensar, planificar, analizar)

Tampoco voy a hacer una disertación científica sobre el cerebro. Se puede encontrar toda la información que queráis sobre él en internet. Pero sí es importante tener en cuenta ciertos aspectos de su fisionomía a la hora de entender algunas partes sobre las que hablaré a continuación.

Seguramente habréis oído o leído sobre los neurotransmisores y hormonas más conocidos, como el cortisol la adrenalina, dopamina, testosterona, oxitocina, serotonina, etc. Todos ellos están estrechamente relacionados con nuestros comportamientos, emociones y hábitos diarios. ¿Y si os dijera que tenéis el poder de entrenar vuestro cerebro para que os sintáis mejor cada día?

Algo que he aprendido con el tiempo es que nadie va a venir desde fuera a decirte lo que tú has de aprender por ti mismo. El primer paso es que te observes: cúales son tus pensamientos, qué acciones estás haciendo, de qué modo de afectan en tu día a día, qué es lo que quieres sentir, qué es bueno o malo para ti, etc. Observar, sin juzgar.

“Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo” (Gandi)

Has de empezar por ti, y sólo por ti. ¿Cómo? Tomando una decisión ahora mismo, en este preciso instante. ¿Quieres sentirte bien? Decídelo, quiérelo y hazlo posible. Escuché una vez que para tener resultados diferentes, debemos realizar algo de manera diferente. Porque si tú no cambias nada, seguirás teniendo los mismos resultados.

EMOCIONES. LA AMÍGDALA.

¿Alguna vez te has parado a pensar que las decisiones que tomas se basan en las emociones que estás sintiendo en ese preciso momento? Lo que suele ocurrir es que la inmensa mayoría de las personas no son conscientes de qué es lo que están sintiendo cuando deciden sobre algo, incluso a la hora de ir a la compra en el supermercado.

Para comprender mejor este apartado, he querido centrarme en la definición etimológica de la palabra “emoción”, ya que existen multitud de definiciones al respecto. “Emoción” viene del latín motere, que significa movimiento y el prefijo e- que indica una dirección. Podemos decir que la emoción es un impulso subjetivo y racional para realizar una acción, derivado de un estímulo externo o interno y que somatizamos en nuestro cuerpo, con una parte de voluntad.

Características de las emociones serían:

  • Surgen a raíz de un acontecimiento externo o interno.
  • Tienen corta duración y alta intensidad.
  • Son comunes al ser humano y al resto de animales.
  • Provocan cambios físicos.
  • Ofrecen una oportunidad para actuar.

Me parece relevante aclarar diferentes conceptos y términos que están relacionados con las emociones y que sirven para su mejor comprensión. Cuando sucede algo, bien tenga su origen en un hecho externo o interno, lo primero que experimentamos es una sensación que rápidamente deriva en una emoción, cuya duración puede ser de segundos o minutos. Seguidamente se genera un estado de ánimo, se prolonga en el tiempo y es menos intenso. Y finalmente surge un sentimiento, que puede surgir a voluntad, tiene un componente de voluntad y raciocinio y que puede formar parte o no de la emoción primaria.

Clasificar a las emociones como buenas o malas, es algo poco útil, no da información precisa a la hora de averiguar qué nos está ocurriendo en un momento determinado. Personalmente, prefiero hablar de emociones agradables o desagradables, adaptativas o desadaptativas. Porque luego cada uno damos un significado personal a lo que interpretamos de las palabras. Por eso hago hincapié en la relevancia del uso del lenguaje en nuestra comunicación diaria.

Las emociones tienen su función específica a la hora de nuestra propia adaptación dentro del entorno social. Contribuyen a expresar y comunicar estados afectivos, nos sirven para regular la forma en la que nos responden los demás, facilitan la interacción social, promueven la conducta prosocial, etc.

Ahora quisiera contaros qué es la amígdala, cómo funciona en el llamado “secuestro amigdalar” cuando experimentamos nosotros, o vemos en nuestros hijos intensas explosiones emocionales que nos pillan por sorpresa, generando un ambiente tenso, conflictivo y en ocasiones difícilmente reparable.

La Amígdala es la encargada de regular nuestras emociones, las percibe, aprende y regula. Activa nuestro sistema de defensa si se detecta algún peligro o amenaza. Está estrechamente relacionada con las emociones más instintivas, básicamente con el Miedo y la Rabia.

Nuestro cerebro límbico (el mamífero o emocional) toma una decisión (que creemos haber tomado nosotros, pero no es así) 7 segundos antes de que nosotros seamos conscientes de ello. Es decir, que antes de que tú lo sepas, tu cerebro ya ha tomado una decisión por ti. Increíble, ¿verdad?

El recorrido que hace la información en forma de bits que recibimos por segundo es el siguiente. Entre la información al centro del tálamo, el cual la manda primero a la amígdala y luego al neocórtex. Una vez en la amígdala, ésta toma el control si la considera una amenaza. Desde allí se da la orden para cambiar la fisiología. Envía la información al hipocampo y si se considera como algo peligroso, sigue hacia el hipotálamo, el cual le dice a la glándula pituitaria que segregue cortisol para que los músculos se tensen.

El neocórtex no se activa para ahorrar energía.

SISTEMAS DE RECOMPENSA Y AVERSIÓN AL DOLOR.

Algo que va instintivo con el ser humano es que en todos los campos y a todos los niveles, todas nuestras acciones se orientan a conseguir placer y a evitar todo aquello que produce o está relacionado con el dolor.

El Sistema de Recompensa se compone de varias estructuras que al activarse llevan a que la persona se sienta motivado y positivo a la hora de alcanzar aquello que quiere o desea. Además, esto le confiere mayor confianza y se atreve a buscar lo novedoso y el riesgo.

Si este sistema tiene una alta actividad, se puede provocar un exceso de optimismo, exceso de confianza y de riesgo. Y una baja actividad, nos llevaría a entrar en un estado apático, de agotamiento o cansancio y como con una sensación de baja energía.

También está relacionado este sistema de recompensa con conductas adictivas (comida, juego, dinero, etc.), o con aquellos comportamientos que busquen obtener placer a corto plazo, provocando una subida extrema y puntual de dopamina. Tras la que siempre se produce un bajón, ya que el cuerpo humano, al igual que la naturaleza, busca la homeostasis: el equilibrio.

Por otro lado, el Sistema de Aversión al Riesgo está estrechamente relacionado con la toma de decisiones. Por lo general, las personas tendemos más a evitar el dolor y todo lo que tenga que ver con arriesgarse (hay un dicho que dice “más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”), permaneciendo en la ya conocida como “zona de confort”.

Por ejemplo, a pesar de sentir que estamos en un trabajo para salir adelante, porque las cosas no se pagan solas, o en una relación en la que no nos sentimos felices y a gusto porque tememos estar solos, o porque de alguna manera estamos satisfaciendo una necesidad interior que desconocemos, el ser humano tiene una capacidad de aguantar situaciones desagradables y negativas que traspasa límites.

En este sistema de aversión al riesgo forman parte estas estructuras cerebrales: amígdala (donde se manifiestan las emociones), la ínsula (que regula el dolor) y el hipotálamo (que regula otras funciones)

El equilibrio entre ambos sistemas influirá en nuestra conducta y en nuestra toma de decisiones.

HÁBITOS.

Un hábito se define como aquel conjunto de comportamientos o acciones que realizamos con tal automatismo que nos permite realizar otras tareas sin provocarnos un desgaste energético notable, que necesita poco esfuerzo por nuestra parte y poca voluntad.

Diariamente todos realizamos una serie de rutinas o hábitos de un modo nada o poco consciente (el modo de levantarnos de la cama, cómo preparamos el desayuno, nos arreglamos para salir, incluso cuando vamos conduciendo o caminando por la calle haciendo el mismo recorrido cada mañana al ir al trabajo, o a la escuela y al regresar por la tarde)

La función principal de los hábitos es que nuestro cerebro ahorre energía, energía que emplearemos para otro tipo de acciones más complejas que requieren más tiempo y esfuerzo. De esta manera, adquiriendo hábitos estamos consiguiendo ser más eficientes y ahorrar más tiempo.

Para adquirir un hábito sólo tenemos que repetir de forma constante y continua una acción hasta que se convierta en automático. La famosa Ley de Hebb dice que “las neuronas que se disparan juntas, se cablean juntas para siempre”. Quiere decir que cuando un conjunto de neuronas se activa de manera reiterada, tiende a formar redes que trabajan de modo automático. Es decir, que con cuanta mayor frecuencia e intensidad repitamos una misma acción, más posibilidades tendremos de que se convierta en una rutina y nos ayude a optimizar nuestra energía y nuestro tiempo vital.

En el fondo, todos sabemos lo que tenemos que hacer para adquirir un hábito, pero a la mayoría nos pasa que sucumbimos antes de llegar a adquirirlo. ¿Por qué pasa esto? Pues esto ocurre porque la recompensa que vamos a recoger cuando finalicemos el proceso de X días de adquirir esa rutina, no es suficientemente atractiva en compensación al esfuerzo que nos supone realizar esa actividad cada día.

Y como adquirir ese hábito nos supone dolor, riesgo, o baja motivación de la recompensa final, está en nuestras manos cambiar alguno de estos factores.

Mucha gente pelea cada día para dejar de fumar, conseguir ir al gimnasio más días que aquel en el que te apuntaste, dejar de comer dulce o chocolate, estudiar matemáticas cuando comienza un trimestre e ir al día. En fin. Existen multitud de cosas que sieeeeeempre nos cuesta muchísimo llevar a la práctica.

Charles Duhigg en su obra “El poder de los hábitos” explica cómo es la estructura implicada en la construcción de un hábito:

  • Una señal indica a tu cerebro que puede encender el “piloto automático” y el hábito o rutina a utilizar.
  • Se desarrolla la rutina.
  • Se logra la recompensa final, que indica al cerebro si merece la pena volver a realizar esa acción o rutina y recordarlo en el futuro.

Mucho se ha hablado también de si es necesario que trascurran 21 días, otros hablan de 66 días. ¿Sabías que cuesta más tiempo adquirir un hábito relacionado con el deporte o actividad física, que el introducir la rutina de comer una pieza de fruta al día? Un estudio británico realizado por la University College de Londres ha demostrado que hacen falta 66 días para lograr un hábito que se mantenga en años.

UNA ALIMENTACIÓN SALUDABLE PARA EL CEREBRO.

A pesar de ser sólo un 2% del peso total de nuestro cuerpo, el cerebro consume:

  • 20% oxígeno.
  • 25% glucosa (proviene fundamentalmente de los hidratos de carbono a través del flujo sanguíneo)
  • Grasa. Nuestro cerebro es un órgano graso. Los grupos más importantes de ácidos grasos que necesitamos en nuestra dieta son el omega-3 (pescado de agua fría, pescado azul, nueces, kiwi…) y omega-6 (frutos secos, aceite girasol, soja, sésamo…)
  • Agua. El agua facilita la circulación eléctrica en el cerebro y contribuye a desintoxicar el cuerpo. A veces sufrimos dolores de cabeza sin explicación, y la deshidratación puede ser un factor determinante (sin descartar otras patologías o herencias genéticas, claro)

Lo verdaderamente importante es tener en cuenta que nuestra alimentación de hoy nos va a repercutir a largo plazo. Y también al funcionamiento de nuestro cerebro. Por lo que tenemos que ser conscientes de las consecuencias de nuestra alimentación diaria. La dieta mediterránea es la que más beneficios aporta y la más aconsejada a nivel científico-médico.

Cuidar nuestra alimentación puede llegar a influir decisivamente a la hora de reducir el riesgo de padecer enfermedades mentales como el Alzheimer y otros deterioros cognitivos.

Como consejos generales e imprescindibles os comparto algunos datos que están a la orden del día:

  • Elimina de tu dieta el azúcar blanco refinado y las harinas refinadas blancas.
  • Hazte un estudio de sensibilidad e intolerancia alimentarias. Ojo, que a veces no hay que ser alérgico a un alimento, para que esté perjudicando nuestro cuerpo (a mí me ha pasado con varios alimentos que tomaba como el atún, la soja, el maíz, el trigo, y sufría de inflamación constante en el intestino, lo que me provocaba bastantes molestias y otros problemas físicos derivados, que me llevaron a urgencias en repetidas ocasiones durante varios años) Yo os aconsejo que antes que suprimir un alimento, porque os lo haya dicho alguien, mirad bien y haceos un estudio personalizado. La inflamación crónica es enemiga del cerebro. Y cada vez se lee más que nuestro estado de ánimo depende en gran medida de la salud de nuestro intestino.
  • Toma vitaminas y minerales fundamentales. A veces, creemos que por tomar zumo de naranja cada día ya tenemos la suficiente vitamina C, o que si tomamos mucho el sol, nuestra vitamina D está a tope. Nada más lejos de la realidad. En análisis de sangre se puede comprobar cuál es tu nivel de vitaminas, porque quizá tu cuerpo no las está procesando adecuadamente. Gran parte de la población en España tiene bajos niveles de vitamina D, y eso que aquí presumimos mucho del sol. Sin embargo, muchas personas no la estamos sintetizando adecuadamente y necesitamos complementar sobre todo en época invernal.
  • Come lo que necesitas. Ojo con las cantidades de comida. Mi abuela paterna siempre decía: “Deja un hueco en el estómago cuando vayas a comer”. Ayuda a tener la mente despejada, a no provocar que nuestro estómago se distienda y agrande, entre otras muchas cosas más.

Podía haberos contado más historias, desde un enfoque más científico, con datos que ni yo misma podría pronunciar o complejas teorías relacionadas con la parte del cerebro en la que reside el alma, en fin.

Con este artículo he querido exponer algunos de los millones de datos que se conocen a día de hoy, y que considero pueden ser muy relevantes a la hora de conocer un poco mejor cómo funciona nuestro cerebro, qué podemos hacer nosotros para cuidarlo y utilizarlo en nuestro propio beneficio.

Aquí abajo os comparto algunos enlaces y lecturas que considero os puedan resultar interesantes. Si queréis profundizar más en el tema de la neurociencia y el neurocoaching, escribidme y os mando más bibliografía y vídeos interesantes.

LECTURAS RECOMENDADAS:

  • Deja de ser tú, Joe Dispenza
  • El viaje al poder de la mente, Eduardo Punset, es. Círculo de lectores.
  • Cerebro de pan, Dr. David Perlmutter, ed. Grijalbo.
  • La digestión es la cuestión, Giulia Enders, ed. Urano
  • Neurocoaching, Silvia Escribano, Fernando de Casyto Doubriet, Guglielmo Foffani, ed. Alienta.
  • https://institutoneurocoaching.com/

¡Hasta pronto!

1 comentario en “NeuroCoaching. Claves para comprender mejor a nuestros hijos adolescentes.”

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