Potencia tu calidad de vida escuchando tu cuerpo

Seguramente has escuchado o leído en algún sitio la frase de “El cuerpo habla lo que la mente calla” Y así es.

A la mayoría de las personas nos ha pasado, o nos está pasando, que no nos encontramos bien. Hay algo que no funciona. Es nuestra cabeza, nuestro cuerpo, nuestras emociones…

Y donde podemos comenzar por poner foco es nuestro cuerpo.

Seguramente nos estén pasando muchas cosas a la vez y no sabemos procesarlas, digerirlas, gestionarlas. Toca filetear el elefante.

Hace unos años, mientras me formaba como coach profesional, nos lanzaron una pregunta en una de las clases. “Si te encuentras con un elefante de frente, ¿cómo te lo comerías?” Hubo respuestas para todo. La que nos dio la profesora fue: “A filetes

Pues tal cual. De ese TODO que te está pasando ahora, empieza por filetearlo. Y enséñales a tus hijos cómo hacerlo, para cuando les pase a ellos. Porque les va a pasar, si no lo ha hecho ya.

Tu cuerpo es la mejor baliza de señalización de lo que te ocurre. Lo que pasa es que solemos anestesiar al cuerpo para que deje de “molestarnos” con sus dolores y podamos seguir adelante con nuestra rutina, nuestras prisas, con lo que creemos que es nuestra vida.

Y el cuerpo, si no le hacemos caso, nos irá dando señales cada vez más fuertes. Hasta que conectemos con él de verdad. Porque algo nos está queriendo decir. Algo nos está queriendo hacer ver y no le dejamos.

El ser humano es capaz de crear todo lo que quiera en el mundo. Se convierte y vive en función de la calidad de sus propios pensamientos.

Tendemos a creer que todo lo que nos ocurre es por culpa de algo externo, algo ajeno a nosotros mismos. Algo de fuera. Por lo que si queremos dejar de sufrir, si queremos que ese dolor físico que sentimos acabe de una vez, tendremos que esperar a que esas causas externas cambien también.

Pero eso es muy lento. ¿Por qué esperar? Y si te dijese que tú tienes el poder de conseguir que eso empiece a mejorar ya mismo, ¿qué pensarías?

Muchas personas se resistirían a esta idea. Y yo te pregunto: ¿y si sí pudieses? ¿Lo has intentado alguna vez? ¿Lo has intentado con todas tus ganas? ¿Lo has intentado con fe?

Te traigo ejemplos reales de jóvenes estudiantes que están viviendo un estrés, ansiedad y estados emocionales radicales, que les generan un malestar general muy fuerte y les impiden tener una calidad de vida sana. (Los nombres que veréis, han sido cambiados para respetar el anonimato de los menores)

Diego es un niño de 10 años que no para de molestar en clase a compañeros y profesores. Tiene una alergia severa a la lactosa (siempre lleva la jeringa de adrenalina al colegio, porque ya la ha necesitado anteriormente). Es mal estudiante. Y desde hace un tiempo, se esconde en casa para jugar a videojuegos hasta las 5 de la mañana en días de colegio. Es un chico que siempre está llamando la atención y ni él ni su familia se da cuenta de ello.

O si se dan cuenta, lo han normalizado. Es posible que piensen que no necesitan ayuda. Que todo lo que están pasando es “normal”. Pensad un poco en el posible ambiente en casa. Gritos constantes porque Diego no hace caso nunca. Enfados constantes por enfrentarse a los padres y la hermana (la cual se siente desplazada, con la autoestima baja y que, a pesar de ser menor que él, es más grande (él es muy delgadito, con las piernas muy flaquitas), por lo que apuesta por la fuerza bruta para defenderse de los ataques de él.

Las constantes llamadas del colegio para tener tutorías cada mes por el mal comportamiento de este chico en clase…

¿Qué necesidad hay de seguir sufriendo? ¿A vosotros os parece que esta familia puede tener una calidad de vida equilibrada y sana?

Clara es estudiante de 15 años que cursa 4º de la ESO en España. Siempre ha sido una estudiante notable. Últimamente ha empezado a tener arritmia, taquicardia, le cuesta respirar y descansa fatal por las noches. Total, que la presión que siente en el pecho la lleva a llorar desconsoladamente porque ve que no llega a todo.

Sus padres la apoyan, pero no paran de decirle que no baje el ritmo porque es por su propio bien.

Para colmo, le toca empezar a pensar en la elección que ha de hacer en Bachillerato: Artes, Ciencia y Tecnología, Humanidades y Ciencias Sociales. Lo que elija, será su opción de estudio y trabajo en el futuro inmediato.

En el instituto los profesores exigen cada vez más, entre trabajos, exámenes sorpresa, ejercicios infinitos y controles de evaluación continua.

Cuando habla, no para de tartamudear, tiembla constantemente y no consigue hablar de manera fluida. Está desesperada.

Estos son sólo dos ejemplos de muchos más casos que conozco y que os quería compartir, porque son bastante más frecuentes de lo que podemos pensar.

Ahora quisiera contaros el posible significado de afecciones físicas que podemos sentir a lo largo de nuestra vida y su relación con las emociones:

  • Acné juvenil: No aceptar los cambios físicos vividos. Relación con la atracción y miedo a la sexualidad.
  • Adicciones: Sentimiento de vacío, falta de amor, sentimiento de soledad y desconexión.
  • Afecciones pulmonares: problemas de relación con los demás y con el entorno. Tristeza, aflicción, depresión.
  • Cardiopatías: Cerrarse o negarse al amor (también hacia uno mismo).
  • Ciática: Temor al futuro, a carencias materiales, problemas económicos.
  • Depresión/Ansiedad: Desesperanza, agresividad contenida, culpabilidad, baja autoestima.
  • Dolor de garganta: Dificultad, problema o bloqueo a la hora de expresar algo a alguien o a nosotros mismos (diálogo mente-corazón)
  • Esguinces: depende de la zona. Tensión mental de una situación que no se puede sostener más en el tiempo. Algo que haces y no quieres, o la dirección que llevas no es la que quieres.
  • Hígado: Rabia, ira, agresividad reprimida. Miedo y resistencia al cambio.
  • Insomnio: Miedo, culpa, pensamientos negativos, desconfianza en el fluir de la vida.
  • Problemas de pies: Relación con la madre (posible resentimiento)
  • Problemas de estómago: Dificultad para digerir o asimilar algo nuevo en la vida.
  • Espalda: Relación con el apoyo que uno siente recibir o haber recibido. La parte alta significa falta de apoyo emocional. La parte media, llevar una carga del pasado. La parte baja, inestabilidad económica o material.
  • Tiroides: Sentimiento de no hacer nunca lo que uno quiere o desea. Sentimiento de humillación.
  • Sobrepeso: Miedo, desprotección. Carencias afectivas o sexuales se compensan llenándose con comida. Soledad, tristeza, aburrimiento, rechazo, impotencia, fracaso.
  • Tortícolis: Falta de flexibilidad.
  • Tos persistente: Deseo de “ladrar” al mundo. Necesidad de ser escuchado y tenido en cuenta.

Son algunos ejemplos que he intentado resumiros todo lo posible para que los conozcáis y que podéis profundizar dentro del campo de la Biodescodificación, por si os resuena a vosotros. Personalmente, a mí, me encaja bastante en diferentes momentos de mi vida y de algunos de mis seres queridos.

Cuidaos mucho. ¡Hasta pronto!

1 comentario en “Potencia tu calidad de vida escuchando tu cuerpo”

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