Siembra aquello que deseas cosechar

Seguro que has escuchado en más de una ocasión que para recibir has de dar y viceversa. Es una de las leyes básicas del universo: la Ley del Equilibrio. Es algo que sucede en todos los órdenes de la naturaleza y en nuestro propio cuerpo. La «Homeostasis». Propiedad que consiste en la autorregulación de los cambios que se experimentan buscando el equilibrio interno.

¿Has notado que cuando te enfadas mucho (algo que es habitual en muchas familias con adolescentes) justo después te encuentras fatal? Tienes migraña, se cierra el estómago y no te entra la comida, o te cae mal algo que has comido, porque tu hijo y tú habéis peleado justo a la hora de comer o cenar. No descansas bien por la noche. Incluso, puedes tener pesadillas o sueños raros…

Te pongo otro ejemplo. Te han dado una buena noticia en el trabajo, algo que llevabas esperando mucho tiempo. O te cuentan algo que no esperabas y que te ha llenado de energía. Vamos, que te ha dado un subidón, como decíamos antes. ¿Y cómo estás después? Pues de bajón. Porque el cuerpo necesita recuperar los valores que estima «normales», regulares, equilibrados.

Siempre hablo de que los padres y madres avanzaríamos mucho más en la educación con nuestros adolescentes si predicáramos más con nuestro propio ejemplo, que «echando charlas», de las que ellos desconectan en el segundo uno. Y practicar con nuestro ejemplo, nos ahorraría nuestra energía y nuestro tiempo.

Porque ellos, realmente, de donde aprenden no es de las cosas que les contamos (que sí, que algo les queda), sino, sobre todo, de lo que nos ven hacer a diario. De nuestra coherencia o incoherencia personal.

Piensa un momento en la relación a día de hoy que tienes con tus hijos adolescentes. Te invito a que te respondas la siguiente pregunta: ¿estoy satisfecha o satisfecho con la relación que tengo y que he creado conscientemente con mis hijos? ¿Me siento feliz con todo lo que he hecho, todo lo que he conseguido con ellos? ¿Y ellos, tus hijos, crees que se sienten orgullos de ti? ¿Crees que se sienten plenamente realizados?

Si te sientes satisfecha/o contigo en tu rol de madre/padre y te sientes bien así, puedes dejar de leer el artículo. Te doy la enhorabuena.

Sin embargo, si sientes la necesidad de que algo cambie, que algún aspecto sea distinto, porque hay algo que no funciona totalmente como te gustaría, sientes que tus hijos adolescentes están distantes, que ya no hay conexión con ellos y que parecen mutar prácticamente cada día, te animo a que continúes leyendo este artículo.

«Todo lo que sube, baja. Todo lo que es afuera, es adentro«

Seguramente no te has dado cuenta. La rutina en la que vivimos y la rapidez de los cambios que estamos viendo cada día, nuestro subconsciente haciendo de las suyas creyendo que así nos protege, hace que perdamos conexión con nuestro ser, con nosotros mismos.

Vivimos en un estado casi mental. Todo lo queremos racionalizar, medir, categorizar, demostrar con datos y hechos científicamente probables. Y nos perdemos una parte esencial del ser humano: la parte del ser y del sentir. Estamos más en nuestra cabeza, con nuestros pensamientos, nuestra mente, que nos hemos olvidado de poner foco en nuestro corazón, nuestros sentimientos, nuestras emociones.

¿Cuándo fue la última vez que tuviste una sensación física, los pelos de la nuca de punta, como si algo de acariciara la piel, o que se tensara el cuello, se te encogiera el estómago? ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a tu cuerpo? ¿Sabes por qué te pasa lo que te pasa?

Yo llevo toda la vida observándome a mí y a las personas que me rodean. Y he comprobado que siempre que me pasaba algo físicamente, se relacionaba con algún hecho que me había pasado poco tiempo antes, o algún pensamiento que había invadido mi mente. Cada vez que tengo algún problema de salud, sé a qué se debe. Y lo mismo me pasa con las personas que me rodean, con personas de mi familia.

Otro gran aprendizaje del que he sido consciente en los últimos años, es que si tú estás bien, las personas que te rodean (en este caso, tus hijos, tu familia) también estarán bien. Funcionamos como un sistema. Y si alguna parte del sistema se resiente o falla, el sistema no funcionará adecuadamente.

Muchas veces ni nos damos cuenta de que estamos mal. Entonces sucede algo en casa que dispara el conflicto y no sabemos a cuento de qué hemos llegado a discutir con nuestros hijos y nos ha llevado a gritos, portazos, malas palabras, indiferencia durante días y todo eso, nuestro cuerpo lo somatiza. Lo primero que sucederá es que nuestras defensas bajan y nos ponemos «malos» (la garganta se irrita, incluso perdemos la voz, migrañas o jaquecas, problemas digestivos, eccemas en la piel, dificultad para mover alguna parte del cuerpo, etc.)

Y no nos hacemos cargo de nuestra parte de responsabilidad en eso.

Desde que yo era pequeña y durante más de 30 años he tenido problemas de garganta y de estómago. Faringitis, afonías, anginas, ardor de estómago, reflujo, digestiones lentas… No sabía por qué me pasaba eso. Creía que tenía una salud débil, que era floja. Hasta que decidí trabajarme internamente, emocionalmente, a otro nivel.

Ya no me duele la garganta ni tengo problemas de estómago. Ya no tomo medicinas como antes. Empecé a tomar consciencia de dónde me venían mis cosas y puse intención en solucionarlas.

Tú también puedes, por tu propia salud y por la de tus hijos. Cuanto mejor te conozcas tú y tu cuerpo, más ayudarás a tus hijos a que se conozcan también y no sufran como lo has podido hacer tú.

Te sugiero una actividad muy breve, que si la mantienes en el tiempo, si eres constante, seguro que te servirá para sentirte mejor. Puedes ponerla en práctica con tus hijos adolescentes también. Es lo siguiente…

Cuando estés a solas con tus pensamientos, repite esta afirmación:

"A PARTIR DE AHORA, CON MIS PENSAMIENTOS, CON MIS PALABRAS Y CON MIS ACTOS, SEMBRARÉ Y COSECHARÉ AQUELLO QUE SEA MÁS BENEFICIOSO PARA MÍ"

Te sugiero que si repites esta frase justo antes de dormirte cada noche, dentro de un tiempo, notarás algo maravilloso que no puedo desvelarte. Si quieres, escríbeme para contarme tu experiencia, tus inquietudes, lo que necesites.

Nos vemos.

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